Tengo un amigo que siempre tiene para cada momento una frase del tipo “más no sé qué que un tal en cual situación”. Ahora me vendría bien, seguro que sabría describir qué quiere decir mi cara. Tiene mezcla de iluso con vértigo y de enorme extrañeza, como el que en un sueño gira una calle de su barrio y se encuentra con una ciudad totalmente desconocida pero interesante. Aunque reconozco que no soy del todo fiel a la verdad. Esta cara tiene ahora una curiosa tendencia a embobarse con sonrisa de tonto, ¿por qué? Pues precisamente por esa extrañeza en la que me encuentro. Quizá pueda entenderse hasta ahora esa extrañeza como algo malo, pero todo lo contrario. Lo que me pasa es que no estoy acostumbrado a estar de esta manera, tan rodeado de detalles y pupilas dilatadas. No quiero pecar de mártir, pues mi vida aunque no ha sido Vietnam tampoco es que haya sido un camino con rosas muy grandes, pero rosas a fin de cuentas. El caso es que me queda mucho por descubrir de esta nueva sensación, tengo que aprender a alejarme del abismo que creo tener acompañándome, ya averiguaré si es cierta su presencia, o si quizá no tiene tanto fondo. Espero que sí.
Mientras tanto, trataré de espantar las ideas que yo solo creo, y haciendo caso de un consejo amigo, me dejaré llevar, pues en este viaje el horizonte no pinta feo, sino todo lo contrario.